miércoles, 18 de octubre de 2017

Alejandro Isturiz Chiesa - Marco Vila

Marco Vila había desplegado un enorme capital de ingenio para acceder a los mensajes enviados o recibidos por Pedro Garcia los doce meses que precedían su desaparición. El aprendiz-detective sabía que en su oficio la eficacia corría de la mano con la discreción y que una fuente no era tan productiva como cuando fue mantenida secreta. Tenía conocimientos muy buenos en informática, pero no hasta el punto de reconstituir archivos destruidos desde hace tanto tiempo por los proveedores de servicios de Internet y de mensajería. Afortunadamente, Marco conocía una buena sociedad en la comunidad de los piratas informáticos de datos digitales de todo tipo. Esta red relacional le permitía desde hace mucho tiempo esquivar algunas leyes o evitar procedimientos administrativos y procedimientos demasiado largos. No demoraron más de tres días para recuperar los mensajes del desaparecido y analizarlos mediante un programa adquirido a escondidas de manera no muy legal.

Este trabajo de chinos valía la pena. Ahora le incumbía presentar los resultados a su jefe. Marco decidió pedir una cita con Alejandro Isturiz Chiesa en un lugar seguro, fuera de la casa de Corteza.

  • Usted es hombre muy misterioso y joven, ironizó Alejandro Isturiz Chiesa. Mi oficina en la agencia ofrece sin embargo bastantes garantías contra los furiosos.
  • Usted va a comprender rápidemente la razón de mi inquietud, contestó Marco Vila. Voy a contarle la pequeña historia a la que me inspiraron los intercambios entre Pedro Garcia y María Morente. Unos meses antes de su desaparición Pedro Garcia retomó el contacto con María Morente, de modo virtual vía un foro de discusiones. Utilizó una cuenta secreta bajo un apellido ficticio. No sé cómo encontró el rastro digital de su ex novia pero lo que verdaderamente importa es que consiguieron hablarse de nuevo. Lo que es todavía más sintomático reside en el uso que hizó de terminales móviles no registrados. Actuó como si fuera alguien rastreado o perseguido. Esta paranoia aparente fue desgraciadamente justificada. Le explicaré el porqué un poco más tarde. María Morente le explicó por qué no había ido a su boda. Voy a contar la versión abreviada: Carolina Salvo la presionó para deshacerse de ella. Incluso llegó a proponerle dinero, lo que María Morente se apresuró a aceptar.
  • Lo único que veo aquí es a una esposa que está celosa del primer gran amor de su marido, objetó Alejandro Isturiz Chiesa. No hay nada sorprendente. Esta hipótesis es un clásico en nuestro oficio.
  • Soy consciente de eso, replicó el joven aprendiz-detective. En cambio, lo sorprendente es el hecho de que desde entonces Carolina Salvo puso a su rival bajo vigilancia privada. ¡ Adivine cuál es la agencia que se encarga de esta misión!
  • Corteza supongo, reconoció Alejandro Isturiz Chiesa.
  • Exactamente, triunfó Marco Vila. Desde hace años, María Morente no puede dar un paso sin ser rodada, fotografiada, registrada, analizada y diseccionada al igual que un vulgar ratón de laboratorio que sufre un experimento histórico. Y lo mismo sucede con sus actos digitales. ¿ Usted pues no me pregunta cómo se todo esto? Añadió.
  • Cómo sabe todo esto? Respondió a su mentor.
  • Noté un trazador en los mensajes de María Morente. Volví a seguir el rastro desde el principio para aislar la fuente e identificar a quién se escondía detrás de este dispositivo. Entonces, soló quedaba hackear el servidor de nuestro empleador preferido. Mi pirata informático utilizó mis accesos para entrar al sistema infomático de Corteza y contaminarlo con un virus de su propia invención.
  • También supongo que usted recuperó todo el expediente de María Morente en casa de Corteza, dedujo Alejandro Isturiz Chiesa.
  • Fui más lejos, confesó Marco Vila. Incluso copié el suyo.

Está tarde, Alejandro Isturiz Chiesa descubrió más sobre el funcionamiento de su empresa que durante los años pasados. Corteza lo vigilaba, a petición de Carolina Salvo, mediante una especie de investigación interna, con el fin de trazar sus progresos y controlarlo. Marco Vila remontó hasta el día en que las autoridades más altas de la agencia habían decidido confiarle esta investigación. No sólo había sido elegido por sus competencias de investigador sino porque constituía el primo ideal en un asunto más complejo de lo que podía parecer. Caroline Salvo lo había adormecido dandóle a entender que había sido aconsejado por uno de sus superiores. Representaba el hilo de un ovillo que conducía hacia Pedro Garcia.